Durante los lamentables sucesos derivados del terremoto del pasado 19 de Septiembre en México, yo estaba en Colombia dando varias conferencias de ética a diversos grupos. Me llamaron mucho la atención dos cosas: 1. La gente de Colombia que se enteraba de mi procedencia mexicana, se me acercaba y con un corazón sinceramente compungido, me decía que lamentaban la tragedia por la que estaban pasando muchos mexicanos y 2. La admiración que causaba en el exterior cómo se volcaba la población civil ayudando a sus hermanos.

Las tragedias, también evidencian que siempre los más necesitados son los más afectados y los que tienen menos oportunidad de recuperarse. Sin embargo, durante esta tragedia así como anteriores, hemos demostrado que cuando queremos, nos podemos despojar de las máscaras que usamos todos los días de Poder, Prestigio, Posición, entre otras, y ser verdaderamente auténticos para unirnos como hermanos, todos iguales para ayudar al que lo necesite. Demostramos que podemos trabajar juntos y organizarnos bien, demostramos que no extendemos la mano esperando a que llegue ayuda del exterior. La pregunta es, ¿por qué sólo durante las tragedias sucede esto?, ¿por qué no podemos hacerlo parte de nuestra vida cotidiana, una vez que todo vuelva a la “normalidad”?

Durante estos días, a nadie le ha importado lo que opina Trump, ni lo que está pasando allá con nuestro vecino del norte, porque no lo necesitamos, ni vamos a esperar a que nos venga  a rescatar.

México siempre ha sido conocido como un país en donde somos envidiosos, donde no nos ayudamos unos a otros, donde somos individualistas; de ahí las fábulas del pescador con una cubeta de cangrejos de cada lado de la frontera, los de EU Tapados y los de México destapados; Porque en México competimos entre nosotros, y nos hundimos unos a otros, en lugar de unirnos y ayudarnos para competir con los de afuera.

Si en México adoptáramos esta actitud como una forma de vida en sociedad de manera permanente; habría menos arrogancia, menos injusticia, menos prepotencia, habría más dignidad, más conciencia de la injusticia social, más unión y prosperidad para todos, y consecuentemente, menos de lo mismo que nos hace tanto daño.

Esto nos debe de servir como un llamado para aprender de nuestras propias experiencias, para que hagamos un verdadero y sincero ejercicio de reflexión individual y social y hagamos de #FuerzaMexico un estilo de vida. Que adoptemos este eslogan de manera permanente, y nos levantemos cada mañana con orgullo, con el afán de dar lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio, hacer las cosas, sólo porque es lo correcto, si rompemos este paradigma cultural y logramos hacerlo, las consecuencias van a llegar solas a manera de prosperidad para todos.

Que esto nos sirva para iniciar ese cambio que México tanto necesita para su desarrollo y acabar con la impunidad, la injusta distribución de la riqueza y la falta de educación para los menos beneficiados, cada uno desde nuestra trinchera. Yo haré mi parte, ¿harás tú la tuya?

 

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