Con las recientes noticias de funcionarios investigados como Emilio Lozoya, ex director de PEMEX y otros 18 ex funcionarios de la misma empresa y que según El Heraldo de México(1) , nueve de ellos siguen en PEMEX; esto confirma que los actos de corrupción siempre requieren de una figura de autoridad, es decir, un servidor público que utiliza las funciones y medios de su posición de autoridad para su provecho económico o de otra índole(2).

Siempre se nos ha hecho creer que la corrupción es algo cultural, así lo dijo Enrique Peña Nieto en 2014; sin embargo, estoy en desacuerdo, como muchos de quienes lo criticaron en su momento. Somos muchas las personas que no compartimos las prácticas y costumbres de antivalor que se evidencian en un régimen gubernamental  corrupto, que no es lo mismo que una cultura corrupta, dado que por definición, cultura es un conjunto de valores compartidos.

Si no hubiera autoridad que aceptara sobornos, no habría empresas que sobornaran, aún cuando lo ofrecieran.  Sabemos que cuando nuestros políticos hacen frases célebres como “Nadie aguanta un cañonazo de $50,000.00 pesos”, “político pobre es un pobre político”, “el que no transa no anvanza”, etc. Tenemos entonces pocas esperanzas de que cambien, pues lo justifican de antemano.

Un servidor público, como su nombre lo dice, está para servir a la población, ya sea que seas un empleado de mostrador en una oficina de gobierno, o el presidente de la república, tu función es servir y como a cualquier empleado, se te paga un sueldo y prestaciones por hacerlo bien, sin esperar nada extra a cambio. Sin embargo, quienes llegan ahí lo ven como ganarse la lotería, la oportunidad de generarse un ingreso extra, mientras se pueda.

Necesitamos levantar la voz, nadar contra la corriente y denunciar los actos de corrupción para que salgan a la luz, pues no hay más que de dos sopas o somos parte de la solución, o somos parte del problema, aunque esto aveces traiga consecuencias.

Si estás de acuerdo, compártelo.

Deja un comentario