¿Puede usted permitirse absorber a nuevos empleados sin diagnosticar su nivel de honestidad?

Los últimos años están marcados por una conciencia creciente acerca del daño sustancial que lleva consigo el comportamiento corrupto y no confiable mostrado por ejecutivos y empleados en las organizaciones.

La selección sistemática, profesional, objetiva y el análisis de candidatos a un empleo han sido probados como los procedimientos más eficientes en la prevención de malversación, negligencia y fuga de información.

Si alguna vez hiciéramos un listado de las cualidades que nos gustaría encontrar en los empleados, seguramente enunciaríamos la honestidad, porque garantiza confianza, seguridad e integridad. Un empleado honesto es aquel que aspira a observar los códigos de conducta y ética más elevados, que es leal a los principios de la empresa u organización en la que labora y cuyas decisiones se basan en discernir claramente entre lo que es correcto y lo que es erróneo.

Honestidad significa no hacer nunca un mal uso de lo que se nos confía, no mentir continuamente, no simular trabajar, no cumplir con los compromisos hechos, no dar información confidencial a un tercero, no aceptar sobornos, no trabajar bajo el efecto del alcohol o las drogas y no utilizar los recursos de la empresa para beneficio personal, entre otros.

Normalmente uno no descubre que esta trabajando con personas deshonestas hasta el momento que se genera una “Ofensa Laboral”, y nos sorprendemos más aun cuando nos damos cuenta que la persona que cometió esta ofensa era considerada confiable, eficiente y dedicada en su trabajo.

Una Ofensa Laboral se refiere a un rango de comportamientos no éticos que los empleados cometen en su lugar de trabajo. Estos pueden incluir desde robos, fuga de información, sobornos, actividades ilegales hasta incumplimiento de procesos y normas.

Los trabajadores de confianza y considerados honestos pasan a tener conductas criminales cuando convergen la necesidad, la oportunidad y la justificación. El trabajador desea obtener mayor ingreso, estatus, éxito, siente que el fin justifica los medios; aprende a identificar las oportunidades y, lo que es peor aún, mantiene una auto-imagen de honestidad y respeto.

¿Qué se puede hacer para evaluar la honestidad de un candidato o un empleado?

Hoy en día, las compañías saben que contratar a un empleado inadecuado abre la posibilidad de prácticas ilegales dañinas, agresión hacia los clientes, demandas legales y pérdida de reputación. Algunas compañías inclusive, hacen revisiones de antecedentes anuales de sus empleados o lo hacen cuando sus empleados están siendo considerados para puestos más altos o de mayor sensitividad.

Es el derecho y responsabilidad de cada empresa verificar que el candidato que está por emplear en su organización sea realmente quien dice ser, y que sus habilidades, historia y experiencia de trabajo sean las necesarias para esa posición. Asimismo debe de revisar si el candidato no tiene un pasado de trabajo problemático o inclusive una historia criminal que puede poner en peligro a los empleados, clientes y proveedores.

La selección sistemática, profesional y objetiva de candidatos a un puesto, debe incluir además de las pruebas de predictibilidad del desempeño, entrevistas de selección por competencia, evaluación de potencial, estudios socioeconómicos y médicos, entre otros, la evaluación de integridad y honestidad.

Las evaluaciones de integridad y honestidad fueron creadas con el objetivo de apoyar tanto los procesos de selección en las empresas y así poder tomar mejores decisiones de contratación, como de evaluar el nivel de riesgo de un empleado a cometer ofensas en contra de la organización y su tendencia a ser deshonestos, a presentar actitudes de poco compromiso con la empresa, a robar o a no observar las reglas de la Organización.

Podemos concluir diciendo que una valoración adecuada de la honestidad de nuestros candidatos y empleados es fundamental en los procesos de selección y de evaluación, ya que contar con empleados confiables es la clave del éxito, debido a que ellos contribuyen a la rentabilidad, estabilidad, crecimiento y prestigio de la organización.

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